LAS MUJERES DE CAMISONES BLANCOS

Raquel Cabo

He visto como de mi garganta salía una melodía melancólica de mujeres lobo, estaban heridas, y vestían camisones blancos; su pelo estaba suelto. Salían de los bosques y de la tierra, como si llevaran mucho tiempo olvidadas y enterradas.  Las miraba desde fuera, como si estuviera consciente de la unión de dos mundos, mientras yo continuaba cantando, en trance.

Ellas surgían de la tierra y de la noche, se cogían en círculos las manos, y de esos círculos se formaban otros nuevos, de lejos parecían humo labrando circunferencias. Humo blanco…

Era de noche y el bosque estaba desolado, conforme seguía cantando ellas iban subiendo y tras la primera elevación hacia el cielo estrellado continuaban otras y otras, que seguían a las primeras como por una escalera de generaciones.

La lluvia emocionaba mi canto, y ellas seguían sin decir nada, abriéndose camino de los tambores olvidados de los bosques hacia las estrellas.  Llegó una palabra a mi intuición, Santa Compaña, y pensé en cuanto amor necesitaban ellas y cuanta compasión por las heridas y pérdidas.

Mientras cantaba, vi mis ojos llenarse de lágrimas que llenaban mi corazón de fuerza y alegría. Una alegría complacida, silenciosa.

Canté y canté hasta que se fueros diluyendo en el cielo oscuro, hacia lo alto.

Respiré,  ¿en qué estaba pensando cuando comencé a verlas? , en la cesión de poder, en cuánto dolor soportamos por no ser capaces de sostener nuestro poder interior.

Luego, mi garganta dejó de cantar y pensé en mi abuela, de orígenes gallegos. Mi abuela ahora estará contenta.